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Пресс-релиз
26.08.2008 «La Confraternidad de los Estados Independientes (el CEI) – las perspectivas de la integración»
El CEI, como una organización regional interestatal que une la mayoría de las antiguas repúblicas de URSS que hoydía actuan como los estados independientes, sigue siendo la estructura clave. Esta estructura se formó al mismo tiempo, más bien decir simultáneamente, con la desintegración de la Unión Soviética. Precisamente el 8 de diciembre de 1991 en Belovezhskaya Pushcha los dirigentes de la República de Bielorrusia, la Federación Rusa y Ucrania firmaron el Acuerdo sobre la creación de la Confraternidad de los Estados Independientes, por el cual constataron que URSS cesó su existencia como un sujeto del derecho internacional y una realidad geopolítica. Este acuerdo, así como la llamada Declaración de Alma-Ata y el Protocolo del Acuerdo, la afirmación de los cuales sucedió el 21 de diciembre, representaron las principales actas legislativas, en concordancia con las cuales el CEI fue instituido. Al momento la Confraternidad la constituyeron once estados que representaron casi todas las repúblicas de la antigua Unión Soviética a excepción de tres estados bálticos que declararon su independencia aun en 1990, y Georgia, que se incorporó la Confraternidad en el diciembre de 1993. Los documentos básicos del CEI admitian para la integración de un alto nivel, que suponía la creación del espacio económico general, la coordinación común de la actividad de política exterior, el mantenimiento de la seguridad colectiva, etc. Sin embargo, en realidad en aquel período histórico los intereses del sistema estatal nacional predominaban considerablemente sobre la comprensión del papel de la integración interestatal, por lo menos, para los dirigentes de “los estados jóvenes”. El miedo de aparición de los órganos supranacionales de la administración que menoscabaran “la elección democrática” y “la soberanía”, o - como declararon entonces - “los que restringieran los intereses nacionales” (que en realidad más bien significaron las prioridades de oportunidad del superenriquecimiento de las élites dirigentes, como, por ejemplo, en Kirguizstán o en Ucrania, así como el deseo del poder total, como en Uzbekistán y Turkmenistán) - todo esto en general no permitió crear la estructura de integración que funcionaría realmente. Hay una opinión que por sus funciones el CEI era capaz sólo de suavizar aquellas consecuencias catastróficas, a las cuales podría llevar (y en muchas esferas había llevado) la situación de la separación de las repúblicas de la Unión Soviética. En cierto sentido el CEI es una estructura regional única que no tiene un objetivo final concreto, que no impone prácticamente ningunas obligaciones a los participantes y que declara sólo las intenciones de cooperar. A menudo la incoincidencia de las aspiraciones en la política exterior y la económica interior de los estados-participantes no juega el papel positivo en los procesos de la integración y, por lo tanto, de la seguridad. A este respecto vale la pena mencionar la decisión de salir de la Confraternidad de Georgia, que ha realizado el acto de agresión indignante que está fuera de las normas jurídicas y morales, así como el deseo declarado por este país de no dejar formar parte de algunos acuerdos temáticos no políticos (en particular, “del acuerdo sobre el régimen sin visado con los países del CEI”, y otros). También hay que mencionar las aspiraciones reiteradas de Ucrania de entrar en la OTAN y una serie de recientes declaraciones del carácter, expresándose moderadamente, inamistoso referentes a la Flota del mar Negro de la Federación Rusa. Esto resulta que la cooperación integrativa dentro de los marcos del CEI se reduce a la sustitución de la discusión constructiva sobre los problemas importantes por la retórica diplomática que no surte el efecto práctico. La idea del carácter populista (pero adelantada bastante activamente por unos políticos) de que el CEI es el instrumento de Rusia en realizar sus ambiciones políticas en los territorios postsoviéticos tampoco corresponde la realidad. La actitud más consecuente y constructiva en la realización de las iniciativas de integración la siguen los líderes de Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. A pesar de todo, en la mayoría de los estados del CEI comprenden la necesidad del reforzamiento de los procesos de integración en el espacio postsoviético como la condición de la seguridad política y económica. Lo confirma la cooperación bastante exitosa dentro de los marcos de tales asociaciones interestatales como la Unión de Rusia y Bielorrusia, CEE, OTSC y demás.
Pensamos que sin duda el CEI puede ser una estructura capaz de realizar las
iniciativas de integración por los medios adecuados, pero la cuestión es que
no hay una concepción única, o más bien una comprensión de los intereses
comunes. Precisamente divergencia, diferenciación y complejidad del sistema
de la integración en el espacio del CEI son el clave agente desintegrativo.
La comprensión del interés en la realización de una estrategia trivial, pero
completamente eficaz hasta ahora, “divide y domina” por parte de los países
occidentales debe ser un nuevo estímulo en buscar la idea unificador común.
En vista de esto, pensamos que en la base de la actividad de los dirigentes
de los estados postsoviéticos debe estar la comprensión profunda de los
intereses de sus pueblos que deben tener la oportunidad de autodeterminación
y eligir su dirección de integración. Ya en esta base hay que realizar la
búsqueda y la elaboración de la política bien pensada de la seguridad
colectiva que también incluiría componentes económicos, políticos,
humanitarios y otros. Todo esto debe hacerse el agente determinante en la
decisión de los difíciles problemas geopolíticos, con los cuales nos
encontraremos más y más a menudo. A este respecto pensamos que los
acontecimientos se desarrollarán más impetuosamente en los estados de la
región central-asiática, y la actitud de los líderes de estos estados
determinará en el grado esencial la posibilidad y la dirección de los
procesos de integración. Hoydía no está completamente clara la política de
los jefes de Uzbekistán y Kirguizstán que no ofrecen las iniciativas
constructivas – sea por “la sabiduría oriental”, sea por el deseo de recibir
los dividendos, al mismo tiempo y de los EEUU en forma de las ventajas
momentáneas, y de Rusia en caso de necesidad de defender su propia seguridad
política. Esto resulta en la profunda crisis económica sistémica y la
potencial inestabilidad política de estes dos estados centrales-asiáticos.
Al mismo tiempo los líderes de otros estados del CEI muestran claramente su
deseo de trabajar constructivamente en esta dirección, admitiendo el papel
principal de Rusia como el único posible garante de la seguridad y el clave
actor en el desarrollo de los procesos de integración. La globalización echa
los desafios nuevos de civilización, y nos queda esperar que la cumbre del
28 de agosto la OCS servirá a la elaboración y la aceptación de las
decisiones constructivas de los problemas de la seguridad global. |
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